Para el cierre del festival, eran tres las películas seleccionadas. Una de ellas (“Where are you”) la dejé de lado. Fui directo a ver “Los Condenados” y, a la salida, una lluvia impidió asistir a “La Pivellina”. A pesar de lamentar la última ausencia (tenía cierta fe en la obra italiana), la tormenta (inesperada) funcionó como una feliz despedida al BAFICI.
domingo, abril 25
BAFICI 2010: Día 11 (Final)
Los Condenados
La película española se centra en el reencuentro de un ex militante con su antigua camarada, quienes están en una selva buscando los restos de un compañero caído junto a un grupo de jóvenes universitarios. “Los condenados” omite la información de datos, lugares, nombre de organizaciones. Con esta decisión, la obra de Isaki Lacuesta intenta darle un enfoque universal a la cuestión de la lucha armada. Desafortunadamente, el objetivo no se consigue, ya que la sequedad informativa perjudica a la historia narrada. La descontextualiza al realizar un collage (actores argentinos que mencionan a la ETA, en plena selva peruana) y de esta manera pierde relevancia.
Tampoco le son favorables al filme las actuaciones de Leonor Manso y María Fiorentino, ya que sus interpretaciones se asimilan a viejos (y repetidos) personajes realizados en series televisivas. Caso contrario ocurre con el trabajo Daniel Fanego, quien pone el cuerpo (literalmente) para la confección de un crudo personaje. 
Hay dos maneras de interpretar el filme de Lacuesta. Por un lado, uno puede entender que se trata de una obra que pone en relieve lo peligroso que es dejar asuntos pendientes (sostenidos a base de mentiras y traiciones) Los personajes de la película son condenados a vivir bajo la perturbación de un pasado que nunca desaparece.
Por otra parte, al ser un filme con un fuerte contenido político (que intenta ser negado sin conseguirlo) la decisión de reflejar a un grupo de militantes como seres inconscientes puede generar más de un debate. El realizador español se acerca, peligrosamente, a una postura olvidadiza y reconciliadora con la historia trágica. Sus actores principales (y sus acciones) son juzgados con una liviandad tendenciosa y caricaturesca, lo que genera una sensación a-política durante gran parte del filme.
jueves, abril 22
BAFICI 2010: Día 10
Aquel sábado (17) asistí a una sola película. Eso sí, en ella, había cientos y cientas de ovejas.
Sweetgrass
Hay que tener cierta paciencia sonora para visualizar “Sweetgrass”, ya que gran parte del filme cuenta con una banda sonora de cientos de ovejas emitiendo su característico sonido. Desde el plano visual, no hay que hacer ningún esfuerzo. Los hermosos paisajes (resignificados por la cantidad increíble de los animales mencionados) son el contexto del documental dirigido por los antropólogos Ilisa Barbash y Lucien Castaing-Taylor.
El proyecto tiene su lugar en las praderas del oeste norteamericano y ubica como protagonistas (además de las ovejas mencionadas) a una serie de pastores quienes se encargan de esquilar a los animales, darles de comer, ayudarlos en los partos, guiarlos por senderos interminables, etc…)
Los momentos dramáticos y de comedia en “Sweetgrass” se originan naturalmente, dentro del hábitat que comparten los hombres con las ovejas. Existen esfuerzos de coordinación y armonía que se vuelven imposibles de llevar a cabo, ironías sobre el trabajo pastoril y otras vicisitudes que transforman a la obra en un documental naturalista, en el cual la inmensidad y el hacinamiento confluyen a lo largo del filme.