lunes, agosto 1

De dioses y hombres

Un simple [pero esencial] elemento como la creencia es lo que nos hace sentirnos seguros y confiados. La potencial ridiculez que conlleva las inseguridades siempre está a un paso de alcanzarnos, pero, mientras prime una conciencia que no dude de sí misma, ese único paso es gigante y permanece alejado. Afortunadamente para nuestra complejidad, existen innumerables dudas, impulsadas por hechos de la vida terrenal, que exigen una re-definición de nuestros supuestos. “De dioses y hombres” narra la historia [verídica] de un grupo de monjes franceses [instalados en un pueblo humilde de Argelia] que viven en un mundo religioso abstracto y práctico a la vez. Ellos entregan casi todas sus reflexiones y actividades a ese ser Superior, pero también ayudan a una población con muchas carencias que, en buena medida, nació con la llegada del monasterio en el cual viven los monjes.

Esta dualidad [tierra/cielo] deja de ser sutil cuando la aparición de grupos terroristas pone en velo a todo el barrio, dada la evolución de sus crímenes y el peligro potencial de que el mismo monasterio [junto con su pueblo] sea un foco de ataque. Para el director Xavier Beauvois los monjes franceses son, ante todo, hombres. Y responden como tal. Con arbitrariedades, miedos, reflexiones, deliberaciones. Por este motivo, las pocas opciones que tienen [permanecer o retirarse] ante el creciente accionar terrorista que los pone en riesgo necesitarán de una fortaleza enorme para ser sostenidas. Y es aquí donde Beauvois ofrece una mirada enternecedora del ser humano. Es en la obra de una decisión fundamental para sus vidas donde los monjes encontrarán no una solución pragmática, sino un alivio moral, una postura que sea fiel a su conciencia. Un laudo decidido desde la puesta en crítica de todas sus sensaciones individuales, incluso de las más esenciales. De esta manera, los “hombres de Dios” sortean el peligro de caer en el ridículo y alcanzan una opción que se ajusta a las conciencias de estos “hombres de la tierra”.

jueves, julio 14

Wild Beasts: Smother

Fue difícil agarrarle la mano a “Smother”, ya que el anterior trabajo de Wild Beasts había dejado caliente los parlantes con su pop extravagante, cargado de hormonas masculinas y femeninas por igual. En esta entrega, la banda inglesa deja poco espacio para los pasos de baile [“Bed Nails”]. El espacio se llena con melodías más reflexivas que ubican su atención en los detalles. Son pequeños [e hipnóticos] los sonidos en los cuales las voces bellamente contradictorias de Hayden Thorpe y Tom Fleming se desenvuelven. El primero aportando su clásico histrionismo, mientas que el segundo abarcándolo todo con su voz de barítono.

Fue difícil aceptar que la fiesta que comenzó con “Limbo Panto” y continuó con el excelente “Two Dancers” había acabado. Pero, así como se llega a la conclusión de que el placer no es representado por las mismas situaciones a lo largo de la vida, uno termina por comprender a “Smother” como un trabajo artesanal que merece mucha atención por su ingeniosa adultez, por sus idas y vueltas misteriosas, porque se trata de una banda que ha decidido recostarse en las orillas de un mar, dejando atrás [al menos en este trabajo] los chapuzones llenos de energía juvenil, tan vigorosa como ingenua.

Fue, es y será difícil evitar cierta frustración en las primeras escuchas de “Smother”. Molestará mucho la actitud de Wild Beasts al encender las luces, bajar el volumen, sentarse y hablar. Cuando nuestra tolerancia comience a ganar terreno, recién ahí percibiremos semejante cambio. Recién allí comprenderemos muchas cosas que antes no sabíamos porqué no las entendíamos. Y notaremos, al fin, la madura belleza de “Smother