A pocos días de las elecciones legislativas, no puedo evitar escribir frases con alto grado de subjetividad, ya que se trata de pensamientos que perderían su valor si las expongo de manera objetiva, dejando de lado las sensaciones. “No vives de ensalada” es una frase/canción (muy graciosa en su contexto) que integra un capítulo de “Los Simpson”, en el cual la familia estadounidense le recalca a Lisa que con una dieta vegetariana no alcanza. Que si o sí necesita la carne para vivir. Me viene al pelo estas palabras para titular un post que se basa en la desilusión y bronca ante la votación que se aproxima. Me fastidia ver la falta de imaginación y la ausencia de riesgos que existe en la ciudadanía. Tanto en
Pareciera ser que la población comparte la melodía de Homero Simpsons y entiende que si bien las opciones alternativas (vegetales) existen, no puedes vivir sin lo básico (carne); En otras palabras, los partidos políticos menos populares están, pero la preferencia siempre se centró y se centrará en los hegemónicos, ya que sin ellos no podríamos vivir (gobernar). Poco importan las experiencias pasadas. El poder (en sus distintas facetas) es lo que prima. Y la sensación de gobernabilidad lo que tranquiliza. Por esa razón (entre otras), en
Hecha esta aclaración, puedo comprender de qué manera un candidato como Néstor Kirchner pueda estar tan bien ubicado, pese a los casos de corrupción que existieron en su gobierno, llámese Skanska, la valija de Antonini Wilson, los fondos de Santa Cruz, el caso Miceli, las investigaciones por supuesta corrupción al ministro de transporte, los falsos números del IndeK, etc.…
Por el otro lado, De Narváez es un perfecto ejemplar de la influencia de los medios de comunicación en una sociedad acrítica. Hace unos años, nadie conocía al millonario nacido en Colombia. Ahora, gracias a las sumas millonarias desembolsadas en todos los medios de comunicación, ha creado un perfil y le pelea el primer lugar al Frente Para
Podría continuar con los puntos que considero suficientes para no votar a tal candidato. Por ejemplo, Elisa Carrió (a quién he votado en una oportunidad) ahora llama al FMI, de la mano de Prat Gay, luego de tantas críticas al organismo usurero. Mientras tanto, Margarita Stolbizer vacila sobre un posible aumento a los jubilados, y se conforma con una respuesta de plástico (“Debería plantearse” INFOBAE).
Como he señalado anteriormente, mi objetivo no es remarcar qué candidato debe ser votado. La única razón de ser de este post es recalcar la falta de audacia que existe en la población argentina. Pensemos en un ejemplo particular. Uno conoce a seis personas y confía en A, B y C durante gran parte de su vida, dejando de lado a D, E, F. El primero grupo a lo largo del camino me desilusiona y traiciona mis expectativas, ¿Qué dictaría mi sentido común? O bien, doy un salto y me arriesgo por D, E y F, o desconfío de todos y elijo quedar sólo. Ni el voto en blanco/impugnado/ausentismo ha perdurado en nuestro país, ni tampoco fuerzas alternativas han tenido un apoyo significante. La ausencia de riesgo y la quietud mental es parte intrínseca del electorado que no ve ni quiere ver más allá de lo malo conocido.
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